viernes, 17 de marzo de 2017

DE OBRAS Y SUTILEZAS

         El pobre Chispas lleva un par de días viviendo sin vivir en sí. Mi gato es controlador, metódico y territorial; considera además que forma parte de su ámbito de dominio todo lo que se puede ver a través de las ventanas. Ocurre que estos últimos días han estado haciendo obras justo debajo de casa, y eso le tiene en una pura desazón. Toda esa colección de ruidos, máquinas y operarios montando bulla en sus mismitas barbas, o justo debajo de ellas, le inquieta sobremanera. Se pasa el día tumbado en el pasillo, el mi pobre, muerto de curiosidad pero incapaz de reunir el valor suficiente para acercarse a la ventana y ver con sus propios ojos cual es el origen de esa espantosa barahúnda que se desliza por las ventanas hasta el mismísimo sagrario de su reino.


          Se dirá de Chispitas que peca de exceso de prudencia; habrá incluso quien le tache de cobarde. Pero lo cierto y verdad es que nunca pensé, y Chispas mucho menos, que el simple asfaltado de un minúsculo callejón requiriese tan gran cantidad de obreros, vehículos mastodónticos e instrumentos diversosde hacer ruido. No resulta muy agradable despertarse a las ocho de la mañana a los sones apocalípticos de los martillos hidráulicos. Tanto ruido han estado haciendo, y durante tanto tiempo, que cualquiera diría que el anterior piso estaba hecho de titanio reforzado. Eso o que estaban haciendo un túnel de metro hasta Nueva Zelanda.

          Como todos mis esfuerzos por insuflar animo a Chispitas han resultado vanos, le he dejado cómodamente aterrorizado debajo de la cama y me he ido a dar el paseíto por La Vega, en donde me he encontrado con la agradable sorpresa de que el mar de maloliente estiércol de la semana pasada, tan agresivamente perjudicial para la pituitaria, ha sido sustituido por el fresco olor de la tierra recién arada. Empieza, según me han dicho, la temporada de sembrar patatas. Las parcelas de tierra que no están aradas se ven cubiertas de un verdor brillante cuajado de encantadoras margaritas, conformado un paisaje del que Millet hubiera hecho una obra maestra y que Picabia, o alguno de sus secuaces, hubiesen estado encantados de convertir en un espasmo de colorines rabiosos.


          De vuelta del paseo, mi parada para tomar café en Madigans me ha proporcionado la oportunidad de leer uno de esos inimitables titulares con que El Diario Montañés tiene la gentileza de deleitarnos de vez en cuando. Parece ser que la Corporación Municipal de Torrelavega cuestiona muy seriamente la labor de la Jefa de Bomberos. Ella se defiende argumentando que lo que verdaderamente pasa es que “todo el mundo está en contra de ella”, a lo que un sagaz concejal ha replicado, y este es el titular, que “PIENSA QUE TODO EL MUNDO ESTÁ EN CONTRA DE ELLA, CUANDO LO QUE PASA ES QUE NADIE LA PUEDE VER”. En un primer momento se me ha ocurrido pensar que ese “nadie la puede ver” fuese una descripción literal de la realidad, esto es que la jefa de bomberos no aparecía por su trabajo o, caso de aparecer, se escondía tan hábilmente que nadie era capaz de echarle la vista encima. En ese caso se comprendería que la Corporación estuviese descontenta, porque tiene que ser muy exasperante tener que jugar con la Jefa de Bomberos al escondivirite cada vez que se produzca una alarma de incendio. Pero la lectura más detallada del artículo me desengañó sobre ese asunto. Lo que ocurre es que nadie está en contra de una jefa de bomberos a la que nadie puede ver ni en pintura, que viene a ser como decir que no es verdad que nadie la quiera, que lo que ocurre es que todos la odian.

          No es que a estas alturas me vaya a sorprender por escuchar a un político diciendo verdades de Perogrullo. Tampoco es nada nuevo por desgracia que a un concejal le dé por soltar memeces a diestro y siniestro, pero se me reconocerá que esa distinción entre el “todos en contra de ella” y el “nadie la puede ver” solo deja dos opciones: o el concejal es tonto de baba, o es un titán de la sutileza. A vuestro criterio lo dejo.

martes, 28 de febrero de 2017

J C Leyendecker

VISITA REAL

FELIPE VI CONQUISTA NUEVA YORK CON UN TRAJE GRIS PERLA
Don Felipe se ha estrenado como rey en Estados Unidos. Probablemente se ha preparado a conciencia y -aunque no iba especialmente favorecido- estaba en sintonía con el estilo habitual de los norteamericanos en sus jornadas de trabajo. Allí, las chaquetas de mangas muy largas, los pantalones que llegan a los tobillos y la ausencia de escotes, siguen siendo las claves del atuendo de empresa para el hombre.

Para el primer discurso  en Naciones  Unidas, don Felipe eligió un muy tradicional traje de chaqueta en lana gris  perla. La chaqueta, entallada con cuello clásico al bies y pinza hueca está elaborada en doble crepe de lana. El conjunto es original y elegante. Como complementos corbata roja y zapatos oscuros. Con el pelo liso, perfectamente maquillado y con un reloj verde a juego con el traje  de doña Letizia, el Rey mantuvo reuniones con el director general de la FAO, José Graziano da Silva y con la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO), Margaret Chan, entre otros, en la sede de las Naciones Unidas. Suponemos que el traje se lo confeccionó Jaime Gallo, el sastre que conoce las medidas del Rey a la perfección, ya que le hace la ropa desde hace 35 años.



Ya en martes, los reyes han participado en la Cumbre del Clima, donde Don Felipe estrenó atuendo y se enfundó un traje de manga larga que marcaba su figura. Se trata de una creación de su diseñador de cabecera en degradé azul y con aplicaciones en la parte superior. Lo combinó con unos zapatos negros de cordones –el mismo modelo que lució en su visita a Francia- y un nuevo reloj. Hasta en este detalle se ha sintonizado con los americanos, que a menudo pecan de llevar un calzado en exceso oscuro comparado con el resto del vestido. Nuevamente, el Rey decidió recogerse el pelo.

El encuentro del Rey con el presidente estadounidense se produjo el martes cuando la pareja presidencial ofreció una recepción en el lujoso hotel Waldorf Astoria. Aunque la Casa Blanca tan solo ha facilitado una imagen del encuentro, se puede comprobar que fue un auténtico duelo de caballeros, estilísticamente hablando. Barak se decidió por un sencillo y a la vez elegante terno gris oscuro. El Presidente prefirió  no romper la monocromía de su look y para ello se calzó con unos salones del mismo color.


Don Felipe ha superado el reto y en todos los eventos ha lucido muy elegante. Desde el primer día demostró ser un hombre a la moda. El peinado, un corte de pelo al estilo clásico, fue lo que menos le favoreció.

domingo, 19 de febrero de 2017

COSAS DE LA TELE

          No sé si os pasará a vosotros, pero yo cada día me desespero más buscando algo que ver en televisión. Algo que merezca la pena, quiero decir. Cuando, después de cenar, me tumbo en el sofá a ver la tele con Chispas despachurrado a mi lado, la mayor parte del tiempo me lo paso haciendo zapping como un idiota. Paso y repaso cadena a cadena, a golpe de mando a distancia, sabiendo de sobra que no voy a encontrar algo decente. Al cuarto repaso ya me sé casi de memoria toda la programación, pero yo sigo dale que dale, esperando algún milagro que haga aparecer algún documental interesante o una película que merezca la pena.



          Yo antes ponía muchas esperanzas en el canal “Historia”, antes de que se entregase en cuerpo y alma a ese engendro americano llamado “El precio de la historia”. Hoy, concretamente, han estado emitiendo un capítulo detrás de otro desde las 15.00 hasta las 22.30. “El precio de la historia” narra las peripecias de una casa de empeños de Las Vegas, en la que una familia de aspecto sospechosamente mafioso se pasa el día tratando de estafar a los incautos que se acercan a vender o empeñar cosas. La historia es siempre la misma: llega el incauto con lo que sea que quiera vender, que puede ir desde una miniatura napoleónica hasta una camiseta sudada de Elvis Presley, y dice a cámara, muy sonriente “Voy a pedir 2500 dólares y no aceptaré menos de 1000”. Vamos a ver, o piensas que vale 2500, o piensas que vale 1000 ¿Qué coños es eso de pedir 2500 y aceptar 1000? Pues eso es para que se vea que el pobrecito vendedor es un as del regateo camuflado de paleto del Midwest. Eso o que son tontos de baba, que también lo pienso muchas veces. El astuto dueño de la casa de empeños empieza soltando un discurso sobre, pongamos, la miniatura napoleónica. Que si Napoleón tal, que si Josefina cual, que si Waterloo… Para acabar diciendo que tiene que llamar a su “experto”. Pasado el examen del experto empieza un regateo, así como de bazar tunecino, que termina con el vendedor aceptado 700 dólares y sonriendo a cámara mientras nos suelta un “es menos de lo que pensaba, pero estoy satisfecho. Ahí es cuando se descubre que el as de la negociación es en verdad el paleto que sospechábamos. Y así una y otra vez.



          La Sexta” me propone la película “Megatiburón contra pulpo gigante”, en la que, según parece, “dos enormes criaturas luchan en la costa de California”. Yo soy mucho de vive y deja vivir y no suelo meterme en los conflictos de los demás. La mayor parte de las veces porque me importan un pimiento y en general porque creo que no son asunto mío. Comprendo que habrá mucha gente que esté en un sin vivir por conocer detalles de los problemas entre los escualos y los octópodos, sobremanera si son tan mastodónticos, pero no es mi caso. Uno de mis sobrinos está ahora viviendo en San Francisco, lo que podría ser motivo de inquietud, pero la última vez que le vi me habló de que en California hay mucha gente megabronceada, muchos hombres y mujeres megaoperados y que, en general, se percibía mucha megachorrada en el ambiente, pero de pulpos y tiburones, ya sean megas o minis, no me ha dicho ni una palabra.


          Últimamente, en uno de esos birlibirloques de movistar que no acabaré de entender en la vida, dispongo de un nuevo canal, “DARK, que emite películas “de miedo”. La de hoy es “Los zombies paletos”, en la que “Un bidón con residuos radioactivos hará que unos pueblerinos se conviertan en seres hambrientos de carne humana”. A mí, que soy de pueblo, no me hace ninguna gracias eso de que a los pueblerinos nos llamen paletos. Cierto es que a partir de las dos de la mañana empieza verse por el pueblo algún zombi que otro, pero creo yo que eso ocurrirá exactamente igual en las ciudades. El hambre de carne humana la padecemos, sí, pero tiene más que ver con la abstinencia que con los bidones radioactivos. Por otra parte en los pueblos estamos mucho más civilizados de lo que se piensa y cuando encontramos bidones radioactivos, lo que no es nada frecuente, los llevamos al Punto Limpio y se acabó, sin convertirnos en nada.

          Mtv nos ofrece una amplia serie de capítulos de “Gandía shore”, “Geordie shore”, “Acapulco shore”, “Megashore” y todo el resto de shores en los que un grupo de jóvenes y jovenas se dedican a emborracharse, follar, pelearse como verracos y demás cosas propias de la juventud, que diría Jorge Luis Vázquez. También están “La venganza de los ex”, “Los vídeos más divertidos” etc. Todos ellos protagonizados por gañanes y gañanas que nada tienen que ver con la mayoría de jóvenes que yo conozco y que se proponen como ejemplo y paradigma del moderno comportamiento juvenil.


          Están también los canales de crímenes, los de alienígenas, los de Kardasian, Campos y otros monstruos… Allá por las remotas latitudes, a partir del canal 80, asoman los tentáculos tenebrosos de EWTM, que es como Radio María pero en más radical y carpetovetónico. EWTM está empeñada en curar homosexuales, crear familias numerosas y denostar los preservativos, por otro nombre condones, en una campaña feroz contra el imperio de la lujuria. Se da la circunstancia de que varios de sus presentadores y presentadoras estrella, por no decir todos, oscilan entre el sobrepeso y la obesidad mórbida. Siendo tan pecado capital la gula como la lujuria, cabe preguntarse la razón por la que ponen tanto empeño en practicar la primera mientras vilipendian tan furibundamente la segunda. En los alrededores de EWTM sigue “Intereconomía” con su cruzada por la libertad de expresión, la independencia y la imparcialidad, que tan de agradecer resulta.



          Si por descuido se incluye una buena película, la repiten tantas veces que te puedes aprender de memoria desde los diálogos a los títulos de crédito. Yo, que recuerdo los tiempos en los que solo había dos cadenas, que se llamaban La Primera y La Segunda en un encantador esfuerzo de falta de originalidad, cadenas que ni tan siquiera emitían las 24 h. por cierto, estoy a veces por añorar aquellos días.

domingo, 22 de enero de 2017

VERSALLES


          Cómo es de sobra sabido, la sociedad francesa del Antiguo Régimen estaba dividida en tres estamentos o “Estados”. El Primer Estado, la nobleza, y el Segundo, el clero, vivían divinamente a costa del Tercero, formado por burgueses, campesinos y, en definitiva, la mayoría del pueblo francés. Las diferencias entre el Primer Estado y el Tercero eran abismales. Visto desde el siglo XXI resulta increíble que todos aquellos príncipes y duques, aquello obispos y cardenales fuesen tan egoístas e insensibles como para vivir con tantísimo lujo rodeados de tanta injusticia. Piensas que aquella Revolución que se les llevó por delante fue necesaria y justa. Casi, casi, justificas a la voraz guillotina que dejó a tantísimos de ellos sin cabeza. Por desgracia aquella revolución, que pudo ser el inicio de un mundo mejor, no acabó con nada; simplemente lo cambió de sitio. Llegó Napoleón y mandó apagar. Indudablemente aquello fue un gran logro, pero sus beneficios solo afectaron a unos pocos.



          La Europa moderna que surgió de las guerras napoleónicas, con las grandes democracias Francia e Inglaterra a la cabeza, se dedicó a colonizar y explotar al resto del mundo en beneficio propio, creando una nueva sociedad estamental en la que los “Estados” han pasado a llamarse “Mundos”, a los que se pertenece, como en el Antiguo Régimen, por derecho de nacimiento. Si naces en el Primer Mundo te salvas, si naces en el Tercero, te jodes. Cómo decía Lampedusa, cambiarlo todo para que nada cambie. El sistema es igual, solo que a nivel mundial. Unos pocos países viviendo bien mientras en el resto campan por sus respetos la enfermedad, el hambre, la guerra y la pobreza. Y estamos tan ciegos ante esta injusticia como lo estaban aquellos duques y cardenales. Y comprendes que ellos, como nosotros, se creían con derecho a derrochar mientras otros se morían de miseria. Vivimos en Versalles y puede que nos lleven en carretas a la guillotina. Sabemos que los sans-coulottes se llevaron por delante a justos y pecadores, que hicieron pocas diferencias, o ninguna, entre los nobles absolutistas y los liberales porque, al fin y al cabo, todos vivían en Versalles. Algo parecido nos puede ocurrir, porque para quienes están detrás de la valla muertos de hambre y de frío, todos nosotros, los de dentro, vivimos en Versalles al fin y al cabo.


          Primer Estado, Segundo Estado, Tercer Estado; Primer Mundo, Segundo Mundo y Tercer Mundo. No hemos acabado con la injusticia sino que la hemos globalizado. Que tarde o temprano caerán las vallas no creo que lo dude nadie. Caerán a la fuerza, porque no las abriremos. ¿Habrá después más justicia? Eso lo dudo.


domingo, 15 de enero de 2017

STEP BY STEP

          Esta mañana se me ha venido a la cabeza una persona, una de las cientos que se conocen viajando, a la que tenía olvidada en algún trastero polvoriento del cerebro y que ha sido, con gran diferencia el mayor pelmazo que he tenido que sufrir en toda en mi vida. Hablo del profesor Hugo Byron (sic). Conocí al profesor en el transcurso de un viaje, que terminó siendo una pesadilla, en aquel vetusto y destartalado expreso Santander-Málaga que estuvo en servicio hace ya muchos años, también llamado, con un optimismo completamente fuera de lugar, Expreso Estrella Cantábrico. Como el tren era nocturno y tardaba unas doce horas desde Santander a Málaga, yo solía viajar repanchingado en coche-cama, pero en aquella ocasión tuve que hacerlo en segunda clase, afectado seguramente por alguna de mis numerosas y cíclicas crisis financieras.


          La segunda clase de los expresos de entonces no era como la de ahora. Consistía en unos cubículos bastante tétricos, con capacidad teórica para ocho viajeros y sus respectivos equipajes, que cuando se llenaban eran un infierno de apretujamientos, incomodidad y olor corporal y en los que, en el mismo momento en el que arrancaba el tren, se orquestaba una sinfonía de bocadillos de tortilla de patatas, botellas de agua y de otros diversos líquidos y, en resumen, un desparrame general de lo que podríamos llamar “viandas de viaje”. Pero yo tuve la suerte, eso creí en mi ignorancia, de encontrar un departamento en el que solo se había instalado un viajero. Se trataba de un hombre menudo, de una edad algo indefinida pero sin duda entre los sesenta y los setenta años, con ese atildamiento excesivo que quiere imitar la elegancia y un cabello, escaso y pegado al cráneo con gomina, de un sospechoso color negro ala de cuervo. Practicaba una cortesía bastante exagerada, algo así como una mêlée entre lo británico y lo versallesco, que resultaba un poco cursi; pero desprendía un aire de persona educada y correcta, lo que resultaba muy tranquilizador teniendo en cuenta que nos esperaba un viaje de doce horas, ni más ni menos. Ay, error de los errores.


          Se me presentó a golpe de tarjeta de visita, un poco ajada, en la que rezaba su nombre, profesor Hugo Byron, y la dirección de un hotel en Montevideo. Tuvo también la gentileza de informarme de que era uruguayo, cosa que yo sospechaba fuertemente por su acento y su dirección en Montevideo, y aclararme que Hugo Byron era en realidad un seudónimo, asunto sobre el que yo no abrigaba la más mínima duda. A partir de ese momento empezó a hablar sin parar. De su vida, de su profesión, de la historia de España y de la de Uruguay, de la pesca del salmón en Yemen… Aquello no era un hombre, aquello era la auténtica y genuina máquina parlante, una catarata de palabras. Yo llevé mi sentido de la cortesía hasta el infinito y más allá, en el supuesto, claramente equivocado, de que en algún momento aquel anciano caería rendido por el sueño o por alguna otra cosa y se callase. Vana ilusión. Hugo Byron seguía hablando y hablando, olímpicamente ignorante del hecho evidente de ni yo, ni dos o tres personas que se instalaron con nosotros poco después, le hacíamos el menor caso. Apagamos las luces e intentamos dormir, pero aquella verborrea incontenible, aquella letanía inmisericorde, se infiltraba hasta nuestros nervios hasta dejarlos en carne viva, impidiéndonos conciliar el sueño. Intenté cambiar de departamento, pero a esas alturas todo estaba lleno de gente. Como mi coche estaba justo al lado del coche-restaurante, allí me refugiaba yo de la insólita y extremada facundia del profesor Byron, con el resultado de llegar a Málaga agotado, muerto de sueño y medio borracho por añadidura.


          Pensar en el profesor Byron me hizo recordar al Sr. Albalá, otro gran pelmazo de la historia de mi vida. El Sr. Albalá era mi profesor de Trabajos Manuales. Eso de los “trabajos manuales” puede dar lugar a equívocos, por lo que aclaro que no se trataba de un eufemismo de “educación sexual”, ni se dedicaban las clases a enseñarnos técnicas novedosas para guiarnos en nuestros tocamientos torpes. Muy al contrario  consistía en hacernos usar las manos en aplicaciones mucho menos satisfactorias, como usar la plastilina, trabajar la madera y cosas así. Aquel cúmulo de conocimientos inútiles se sustanciaba en la construcción de una casa de palillos como “trabajo de fin de curso”. Las casas de palillos se me daban espantosamente mal: las paredes me salían torcidas, las ventanas poliédricas y con mucha frecuencia colapsaban cuando estaban casi terminadas. Mis casas hubiesen hecho muy buen papel en un relato de Lovecraft o en una película de Tim Burton, pero no respondían a los cánones que el Sr. Albalá consideraba aceptables, seguramente debido a su estrechez de miras y a su falta de formación intelectual, lo que viene a ser lo mismo. Para empeorar las cosas yo me sentaba junto al genio de los trabajos manuales de la clase, un chico relamido y eficiente, cuya magnífica reproducción de una casona montañesa se elevaba día a día inmutable y perfecta, poniendo más en evidencia el lastimoso amasijo de trozos de palillo y pegamento Imedio que era la mía. Mientras tanto el Sr. Albalá paseaba por el aula repitiendo una y otra sus dos invariables frases: “cada oveja con su pareja, cada mochuelo a su olivo” y la estimulante “sin prisa, pero sin pausa”, que parecían resumir toda su filosofía de vida. Aquellas horas y horas sudando la gota gorda rodeado de palillos y escuchando una y otra vez los mantras del Sr. Albalá, las cuento entre las más aburridas que he vivido.


          Total, que los mantras del Sr. Albalá me recordaron el de mi psicóloga, que es el clásico “step by step”. Y resulta que el último de los step que hemos dado ha sido mi compromiso de publicar algo en el blog todas las semanas, y yo estaba sin escribir nada. Estando a domingo “Yo pensé que no hallara consonante”, pero, “burla burlando” os he soltado el rollo este de los pelmazos y he terminado mis deberes. A ver si la semana que viene me esmero un poco más.